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Hombres y feminismo

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De un tiempo a esta parte trato de ser muy pudoroso y prudente cuando hablo de feminismo. Como la mayoría de los hombres que se introducen en este tema, tuve una etapa de opiniones gratuitas y poco fundamentadas que en realidad no eran más que una prolongación de mi propio machismo inconsciente. Me atreví a discutir cuestiones de estrategia y de ideología a mujeres que llevan años, o décadas, luchando por el feminismo. Fui osado, impertinente y soberbio. Con el tiempo, me di cuenta de que aquel no era el camino. La cuestión del papel del hombre en la lucha feminista sigue siendo controvertido y objeto de debate; pero desde luego no podía ser el que yo asumí en un primer momento. 

Me sentí tentado de guardar silencio y dar un paso atrás. Sin embargo, leyendo libros y artículos de gente que, bien desde el mundo académico, bien desde el activismo, lleva mucho tiempo dando vueltas a estos temas, y descubrí un lugar en el que podía luchar sin caer en contradicciones. Un lugar que no es cómodo, que te obliga a salir de la zona de confort, que te mueve a hablar ante un público que no siempre quiere escuchar lo que tienes que decir. Ese lugar no es otro que el de hablar de feminismo con otros hombres. Dejar que las mujeres lideren el movimiento, no pretender convencerlas a ellas de nada, y centrarme en hacer ver a otros hombres las terribles implicaciones de no luchar de forma activa contra el machismo. Un hombre que habla de feminismo a otros hombres. Parece sencillo. Pero no lo es.

Grupos de whatsapp en los que se gastan bromas machistas casi a diario. Grupos en los que se comparten fotografías y vídeos de mujeres que han sido grabadas o fotografiadas sin su consentimiento. Reuniones de amigos en las que se perpetúan los tópicos machistas en la creencia de que al no haber mujeres presentes estos no causan daño alguno. Comentarios de amigos con los que paseas por la calle que resultan ofensivos y vejatorios para las mujeres. ¿Quién no se reconoce en estas situaciones? ¿Y cuál suele ser nuestra respuesta? 

Un porcentaje muy elevado de los hombres siguen las bromas, comparten las fotografías, ríen ante el comentario e incluso aportan ellos mismos otro aun más machista. Otros, algo más concienciados con el feminismo, se limitan a callar, agachar la cabeza, mirar hacia otro lado o esbozar una media sonrisa de compromiso. Y un tercer grupo, minoritario, responde y pide que esas actitudes terminen, se levantan y se marchan, inician un debate acerca de lo inadecuado de esos comentarios. Yo he estado en el primer grupo, mucho tiempo. Después pasé al segundo. Me gustaría creer que estoy ya en el tercero de forma plena, pero sería un hipócrita si me situara aquí. Callo en demasiadas ocasiones. Y cada uno de mis silencios me convierte en cómplice del machismo. 

Reconocerse como cómplice del machismo es, para alguien que cree firmemente en la lucha feminista, difícil, pero también es la realidad que vivo y vivimos muchos. Una dura realidad, y no por nosotros, sino por lo que generamos a nuestro alrededor.

Como hombres construimos nuestra masculinidad siguiendo unas pautas determinadas que nos llevan a ser lo que somos. Nuestro género es una construcción cultural que bebe de tradiciones milenarias y de costumbres recientes. Que busca la aprobación del grupo aunque a veces se disfrace de rebeldía individualista. Como hombres creemos que construimos en libertad nuestro papel en la sociedad, cuando en realidad perpetuamos elementos machistas tan antiguos como la propia sociedad. Ser hombre y feminista supone construir la masculinidad de forma consciente, cambiar lo que hay que cambiar y potenciar lo que hay que potenciar. Entender que ser hombre es una construcción cultural y que esa construcción ha llevado ligado el machismo durante milenios. Y que, sin embargo, como elemento cultural que es, no está en nuestra esencia. Es decir, se puede cambiar.

La tarea del hombre feminista es aprender a construir la masculinidad dejando de lado el machismo. Y tratar de que los hombres que nos rodean emprendan el mismo camino. ¿Seremos la primera generación que lo consiga? 

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