Artículos

La culpa del pobre

 Fotografía de KasunChamara

Fotografía de KasunChamara

Una de las ideas que más terribles y nocivas me han resultado siempre de algunos liberales es la que conlleva la culpabilización del pobre y el marginado respecto a su propia situación. Basta echar un vistazo a las redes sociales y los perfiles de muchos de los que se definen a si mismos como liberales para darnos cuentas de cómo el desprecio al pobre es una constante. Aunque desconozco si es una idea que los grandes teóricos del liberalismo, y especialmente de algunas de sus ramas como la austriaca o el llamado anarcocapitalismo, desarrollan, desde luego este desprecio por el marginado y el pobre es una consecuencia directa de sus ideas. Al fin y al cabo, si defendemos que el éxito es hijo directo de nuestro esfuerzo y que no cabe esperar ayuda del estado porque dicha ayuda sería perniciosa, podemos concluir que el fracaso es fruto también de nuestra falta de esfuerzo o de nuestra torpeza personal. En resumen: el que es pobre es culpable de su pobreza y de algún modo se merece su situación. No es algo nuevo. Ya el antropólogo Oscar Lewis acuñó el concepto de “cultura de la pobreza” para explicar cómo los pobres son incapaces de salir de su situación porque repiten unas formas culturales heredadas de padres a hijos. Básicamente, que la pobreza no está en el bolsillo ni en el contexto, sino en la cabeza del pobre. 

Este razonamiento puede parecer perverso a los no iniciados en las teorías del liberalismo, pero por desgracia se está extendiendo de forma imparable. Y no sólo se aplica a los individuos, sino que también se utiliza como método de análisis para estudiar la situación económica de un colectivo o de un estado. Si determinado estado es pobre, es porque su población es corrupta, poco trabajadora o derrochadora de sus recursos. ¿Por qué habrían otros países prósperos de ayudar a estos malvados países pobres? ¿Por qué debería el honrado trabajador pagar impuestos para sostener a ese marginado que ha labrado su propio futuro? Al fin y al cabo, en una situación de igualdad de oportunidades todos podemos llegar hasta donde nos propongamos. Y si pones esto en duda ahí están los ejemplos de los millonarios que comenzaron vendiendo periódicos y hoy ocupan las listas de los más ricos del planeta. Todo con su esfuerzo personal. Cómo no. 

Le sorprendería cómo estos razonamientos están aumentando de forma exponencial. 

Naturalmente, y por fortuna, este no es un razonamiento que empleen todos los liberales. Coincidiendo en este caso con los socialdemócratas y otros que creen firmemente en la necesidad de que el estado intervenga en algún modo en la vida de los ciudadanos, consideran que la pobreza no puede ser achacada sin más al pobre, sino que el contexto social y económico en el que este vive le marcan de por vida. Hay una parte del liberalismo que cree que el pobre tendría más posibilidades de medrar en una situación real de libre mercado, pero poniendo énfasis en que el culpable de la pobreza es el intervencionismo estatal, no el mismo pobre. 

Incluso aunque aceptáramos que uno sea culpable de su situación, cosa más que discutible, sería difícil aplicar esa culpabilidad a los hijos de dicho individuo. ¿Cómo defender que el hijo de un millonario pueda tener una vida regalada y acceder a los mejores colegios y universidades mientras el hijo del parado de largo duración apenas puede pagarse los libros del colegio? ¿Podemos achacar algo de culpa a los niños que acaban de empezar a vivir? ¿O acaso la culpa se hereda como el pecado original cristiano?

Por supuesto, la idea de culpar al pobre de su pobreza no es en absoluto inocente. Es el enésimo intento de los ricos por defender que ellos tienen lo que tienen y disfrutan de lo que disfrutan porque se lo merecen. Da igual que su fortuna sea heredada y hayan llevado una vida de rentistas sin madrugar un solo día. Da igual que su fortuna proceda de la explotación de un grupo de trabajadores o de la ingeniería fiscal, las inversiones turbias y la evasión de impuestos. El rico es rico porque se lo merece, es el dogma a defender por encima de todo. Como lo fue en su momento que el noble lo es por la gracia de un dios. Y el pobre es pobre porque se lo merece. Lo quieran los dioses o lo quieran los mercados. No hay más.

La ideología liberal que defiende que una menor intervención estatal conlleva progreso y prosperidad puede ser acertada o errónea, pero desde luego es digna de tener en cuenta y de ser debatida. Pero si esta ideología lleva de la mano la culpabilización del pobre sin detenerse a analizar las causas reales de esa pobreza, estaremos ante una nueva rama del infame árbol del darwinismo social que tantas víctimas ha causado en todo el mundo.    

Nocturnis