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Mitología clásica contra la homofobia

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La mitología clásica es un arma poderosa en manos de los docentes. No hay audiencia escolar, por muy dura y pasiva que sea, que se resista a un mito clásico bien narrado. La mitología contiene todo lo que a un adolescente le suele interesar: monstruos de formas extravagantes, sexo a raudales, aventuras, acción, giros inesperados y finales apasionantes. No en vano, estos mitos se transmitieron de forma oral a lo largo de generaciones antes de ser puestos por escrito. Si no hubieran resultado apasionantes, si no hubieran conectado con nuestra esencia humana más ancestral, sencillamente no habrían sobrevivido, ni hasta la Grecia histórica, ni hasta nuestros días. Si artistas de todas las épocas continuaron reflejando en sus obras estos mitos a pesar de haber sido despojados de su carácter religioso fue porque tocaban temas universalmente humanos, y lo hacían envueltos en historias fascinantes. La mitología clásica es un reflejo de lo que fue el hombre de hace milenios y sigue siendo un reflejo de lo que somos hoy. 

En consecuencia, la mitología debe ser utilizada en el ámbito docente como lo que es: una magnífica herramienta educativa. Por medio del mito, por supuesto, se pueden enseñar de forma directa cuestiones como la mentalidad de los antiguos griegos, las formas literarias en las que estos se expresaron o las características artísticas de diferentes épocas. Sin embargo, el mito puede usarse para enseñanzas mucho más complejas y difíciles de transmitir. El mito puede emplearse para transmitir valores, algo muy necesario en nuestros días de nihilismo y pragmatismo predominante. 

Uno de los campos en los que la mitología puede funcionar como herramienta de transmisión de valores es en la lucha contra la homofobia. El adolescente que comienza a descubrir su sexualidad y descubre para pasmo, y en ocasiones terror, suyo que sus sentimientos y apetencias no le llevan por el camino heternormativo que la sociedad considera dentro de la normalidad, siente un vacío y una desorientación que en la mayoría de ocasiones se torna en sufrimiento. Ante una sociedad que le empuja y da por hecho que se sentirá atraído de forma exclusiva por personas del sexo opuesto, él tiene que reconocerse como algo diferente, algo que no se identifica con el grueso de la manada. Más complejo aun es el caso de aquellos que no sólo no encajan en el modelo heterosexual sino que además tampoco entra en el paradigma de la masculinidad prototípica. La sexualidad nos viene más o menos definida, pero la masculinidad, el género, lo construimos nosotros según nuestros propios deseos y siguiendo modelos externos. Cuando nuestros deseos y los modelos externos chocan y no coinciden en absolutamente nada es cuando surge la angustia y el sufrimiento.

En la mitología clásica encontramos numerosos ejemplos de personajes homosexuales que pueden servir como modelos para el adolescente desorientado. Porque en la mitología no sólo existe personajes homosexuales, sino que estos personajes tienen un marcado carácter positivo. Es decir, la mitología muestra que las relaciones entre personas del mismo sexo no sólo entran dentro de la normalidad sino que han existido sociedades que las han considerado positivas y deseables. Cuando el adolescente homosexual descubre que el dios Apolo tuvo varios amantes masculinos (Jacinto o Cipariso), que el propio Zeus, tan viril y poderoso, escogió al joven Ganimedes como copero y amante sin que nadie le censurara por ello, que héroes como Aquiles o Hércules compartieron el lecho y el corazón con otros hombres, cobra conciencia de la existencia de un mundo distinto del que le rodea. Un mundo en el que sí encaja y en el que los hombres que se sienten atraídos por otros hombres pueden ser héroes poderosos. En el que masculinidad y homosexualidad no sólo no están reñidas sino que pueden potenciarse mutuamente. No es extraño que estos jóvenes sientan fascinación por personajes como Aquiles, que enloqueció de dolor ante la muerte de su amado Patroclo y decidió vengarlo con las armas. ¿Cuántas historias de amor semejantes hay en el imaginario adolescente actual? Frente a miles de historias de amor heterosexual, el adolescente homosexual encuentra un vacío que historias como las de Aquiles y Patroclo pueden llenar. La diferencia entre Aquiles y el vacío es el sufrimiento y la desazón del que se encuentra solo en el mundo. ¿No merece la pena poner a su alcance este bálsamo capaz de sanar su herida antes de que esta se produzca?

Por desgracia, la mitología clásica también es una herramienta peligrosa, ya que al mismo tiempo que transmitimos el respeto hacia los modelos de homosexualidad antigua corremos el riesgo de estar transmitiendo valores no tan deseables, como el machismo. La antigua Grecia fue una sociedad profundamente machista, más de lo que la imagen popularmente transmitida de este pueblo alcanza a transmitir. Las mujeres griegas se movían entre la indiferencia de los hombres y el abierto desprecio. De hecho, si la homosexualidad masculina estaba bien vista era precisamente como consecuencia de la consideración de la mujer como criatura inferior. Por este motivo, usando el mito podemos caer en el riesgo de normalizar actitudes discriminatorias contra las mujeres, anulando así el objetivo positivo de nuestro proyecto. No debemos olvidar que mientras Zeus escogía a Ganimedes como amante, también forzaba a mujeres a mantener relaciones sexuales con él mientras una resignada Hera se veía obligada a callar ante las infidelidades de su esposo. De hecho, en el mito clásico la culpa y las consecuencias de las agresiones sexuales recaían casi siempre sobre las mujeres, y pocas veces sobre los hombres.

El mito, en conclusión, es una herramienta que debemos utilizar, pues sus beneficios pueden ser múltiples, pero siempre con cuidado de no causar daño cuando nuestras intenciones eran positivas. 

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