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Se buscan héroes LGTB

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La adolescencia es un constante caminar por la cuerda floja. Cualquier paso en falso puede hacernos caer al vacío. Una palabra dicha a destiempo, una prenda mal escogida, una mirada mal interpretada… pasos que cada adolescente mide hasta la detalle con un único objetivo: no caerse de la cuerda de la aceptación social. El adolescente necesita sentirse parte del grupo, más incluso de lo que lo necesita el adulto. Son años en los que se construye la propia personalidad, a golpe de error y acierto, a golpe de sufrimiento y placer, a golpe de aceptación y rechazo.

En esta construcción de la personalidad, el género y la sexualidad juegan un papel fundamental. Sin entrar en el debate de si la sexualidad está definida por la biología o si es una construcción cultural o un conjunto de ambas, podemos afirmar que el género, el rol que cada uno asumimos en la sociedad, sí es un elemento aprendido que depende por completo de la cultura. Y el género es uno de los elementos más difíciles de construir para aquellos que salen de la norma marcada. Chicos que sienten que no encajan en los modelos de la masculinidad predominantes en la sociedad occidentales. Chicas que no se ven identificadas con los roles que el mundo espera que ellas asuman. La construcción de la identidad para estas personas resulta mucho más difícil, llegando a ser en demasiadas ocasiones traumática y dolorosa.

Una de las causas de estas dificultades es la carencia casi absoluta de modelos en los que verse reflejados. Hasta hace muy poco tiempo, los individuos y los personajes LGTB no tenían apenas presencia, ni en el mundo real ni en la ficción, y si lo tenían eran simples estereotipos cargados de prejuicios y muchas veces con una carga negativa. Los varones heterosexuales y cisexuales tenían cientos de modelos con los que construir su sexualidad, ya fueran más tradicionales (los típicos héroes de acción) o más modernos y progresistas. Las mujeres heterosexuales y cisexuales encontraban del mismo modo muchos personajes en los que se reflejaban sus deseos y ambiciones. Con esos modelos  aceptados por la sociedad como ejemplo de vida, asumían que su construcción personal entraba dentro de la normalidad, afianzaban su personalidad y lograban una adolescencia más o menos plena. Los adolescentes que carecían de modelos positivos recibían del mundo un mensaje silencioso que les calaba profundamente. Si no hay héroes que se salgan de la norma, si no hay personajes positivos que respondan a un modelo diferente, era porque, sencillamente, salirse de la norma es negativo. Y el que se sale de la norma es anormal, es diferente, es negativo. Este mensaje podía ser más o menos explícito dependiendo del contexto en el que creciera el joven, pero siempre estaba presente. La ausencia de modelos con los que construir una personalidad propia de acuerdo con los deseos de cada uno se convertía en una barrera más que había que superar. Una barrera que se sumaba a las miles de ellas que todo adolescente encuentra en su camino personal. 

Si queremos contribuir a evitar el sufrimiento de los adolescentes LGTB y de todos aquellos que no encajan en el modelo binario de género y en la cisexualidad resulta esencial crear esos modelos o dotar de visibilidad a los que ya existen pero están ocultos. El fenómeno de la visibilización y la creación de modelos no comenzó a darse hasta los años noventa. Toda una generación recuerda como un hito el primer beso entre dos chicos que pudo verse en la serie “Al salir de clase”, un momento muy significativo ya que por primera vez se introducía la homosexualidad en un programa para adolescentes realizado en España. Gracias a un gesto tan aparentemente sencillo como un beso, aquella generación aprendió, aprendimos, que existen hombres que se sienten atraídos por hombres y pueden desarrollar una vida afectiva con total normalidad. Es más, aprendimos que la homosexualidad no tiene por qué conllevar afeminamiento, que un homosexual no es más ni menos que un hombre o una mujer que se siente atraído por alguien de su mismo sexo, con independencia de cómo sea el género o el rol social con el que se siente identificado. Santi y Rubén, la pareja de ficción, se convirtieron en un modelo para muchos. Toda una generación suspiró aliviada.

Por suerte, la visibilidad ha mejorado de forma constante desde entonces. Las redes sociales y las nuevas tecnologías han ayudado mucho en este aspecto. Sin embargo, queda mucho por hacer. Mientras la homosexualidad se ha abierto paso en el mundo de la ficción, otros colectivos como los transexuales, los intersexuales o los transgénero brillan por su ausencia. Es necesario que cineastas, novelistas y guionistas de televisión comiencen a dar voz a estos colectivos, no sólo porque de esta manera reflejarán de forma más fiel la complejidad del mundo en el que vivimos, sino porque gracias a ellos millones de jóvenes en todo el mundo encontrarán modelos alternativos con los que afirmar la construcción de la personalidad. 

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