Crítica de libros

Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca, de Ian Gibson

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CRÍTICA DE "VIDA, PASIÓN Y MUERTE DE FEDERICO GARCÍA LORCA" DE IAN GIBSON

La figura de Federico García Lorca se convirtió en un mito desde el mismo momento en el que, en el verano de 1936, un grupo de asesinos dispararon sus armas contra él, acabando con su vida y dejando su cuerpo en algún lugar de las cercanías de Granada aún sin identificar. Federico ya era una celebridad antes de su muerte, un celebrado autor teatral y un poeta respetado, leído y amado, pero fue precisamente ese repugnante asesinato en el marco de un golpe de estado lo que hizo que el hombre, el poeta, se convirtiera en leyenda.
Y no existe ninguna persona en el mundo que haya dedicado tantas horas y tantos esfuerzos a estudiar a Lorca, el hombre y la leyenda, como el hispanista Ian Gibson. Un irlandés que llegó a España fascinado por las grandes figuras de la Generación del 27 y que encontró en este país una segunda patria. Gibson comenzó sus estudios sobre Lorca investigando la muerte del poeta en una época, todavía en vida de Franco, en la que este asunto era un tabú del que nadie en Granada ni en España quería hablar. Nadie hasta el momento se había atrevido a indagar acerca de quién era el responsable último del asesinato del poeta, quién le había denunciado o quién había apretado el gatillo en el momento fatal. Gibson, amparado por la relativa inmunidad que le confería su pasaporte irlandés, se atrevió a preguntar lo que ningún español había tenido valor antes, y encontró pistas y respuestas que le llevaron a escribir varios libros. Estos, sin embargo, se quedaron pequeños ante la amalgama de datos e historias que fue recopilando en los años siguientes. Así, de la necesidad de escribir una obra más ambiciosa, casi definitiva, sobre el poeta, nació una biografía en dos volúmenes que fueron reeditados de forma resumida y revisada en la obra “Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca”. 
Lo primero que hay que señalar de este estudio es que es una obra monumental. Un trabajo que es fruto de los esfuerzos incesantes de toda una vida de dedicación y pasión por un mismo tema: Federico García Lorca. Un libro que sólo podía haber sido escrito por quien conoce muy bien los métodos de investigación y las fuentes a las que deben recurrir los historiadores, pero que al mismo tiempo ama profundamente a Lorca y su obra. Sin la combinación de estos dos elementos, rigor en el trabajo y amor por el personaje estudiado, esta biografía de Federico García Lorca no habría sido posible. O al menos no tendría la calidad que tiene la obra de Gibson. 
Aunque la parte de la vida de Lorca a la que Gibson ha dedicado más tiempo es sin duda su muerte, este libro realiza un recorrido exhaustivo por toda su biografía, comenzando por su nacimiento en la localidad de Fuentevaqueros. Como no podía ser de otra manera, la obra está llena de referencias a las composiciones literarias que Lorca abordaba en cada momento, lo que permite al lector aumentar su conocimiento de su poesía y su teatro al relacionarlo con el momento vital del autor en el que fueron concebidos. 
Una faceta de la vida de Lorca a la que se presta gran atención, a pesar de las dificultades que conlleva investigar este aspecto, es la vida afectiva y sexual del poeta. Una vida que fue descubriendo poco a poco el amor homosexual pero que nunca fue capaz de vivirlo en completa libertad debido al contexto aun demasiado represivo de la España de comienzos del siglo XX. Gibson rastrea los primeros indicios de inquietudes homoeróticas del poeta en algunos de sus escritos más tempranos, y continúa indagando en sus primeras relaciones amorosas reales. De estas, muy escasas y poco conocidas, dedica un amplio espacio a la relación con Emilio Aladrén, escultor que supuso uno de los grandes desengaños de Lorca y la causa de la depresión que llevó a marchar a América durante un tiempo. Rafael Rodríguez Rapún fue otro de sus grandes amores, igualmente tormentoso, y fue ante todo quien le inspiró para escribir sus maravillosos “Sonetos del amor oscuro”. Por desgracia, tenemos muy pocas referencias acerca de cómo vivía Lorca su propia sexualidad. Es evidente que tenía dentro de él un ansia de amor que nunca llegó a colmarse del todo, y que las experiencias físicas que le proporcionaban algunos encuentros con sus amantes o con otros hombres no saciaban ni de lejos esta necesidad. Lorca vivió su sexualidad de forma más o menos abierta en su círculo más íntimo, pero de cara al público mantuvo siempre una ficción de heterosexualidad obligada, como demuestran algunas declaraciones al promocionar su “Romancero gitano” en las que afirmó que algunas de las escenas eróticas estaban inspiradas en experiencias personales.
La gran novedad que aportó la obra de Gibson fue la luz que arrojó sobre la muerte del poeta, un tema aún candente ya que el cuerpo de Lorca permanece sepultado en algún lugar ignoto. Una indignidad que el propio Gibson ha tratado de paliar, implicándose personalmente en la búsqueda de los restos, por el momento de forma infructuosa. Fue este hispanista irlandés quien concluyó que la responsabilidad última de la muerte de Federico debe recaer en Ramón Ruíz Alonso, miembro de la CEDA y activo protagonista de la represión en Granada tras el golpe de estado de 1936. A pesar de la protección que le brindó la familia del poeta Luis Rosales, falangista, Ruíz Alonso se llevó a Lorca detenido y lo condujo al barranco de Víznar, donde fue ejecutado. Hoy pocos ponen en duda que la decisión partió de Ruíz Alonso, algo que queda confirmado por el hecho de que éste sufriera las consecuencias de sus actos al enterarse de ello Dionisio Ridruejo, también falangista pero gran admirador de Lorca. 
“Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca” no es solo, en definitiva, una maravillosa biografía que ya se ha convertido en un clásico de los estudios sobre la Generación del 27. Este libro es un canto de esperanza para todos aquellos que no renuncian a cerrar las heridas abiertas en 1936 y para quienes todavía luchan por dar digna sepultura a los asesinados por los golpistas que aún yacen en fosas comunes y cunetas de carreteras. Que uno de los mayores genios de las letras españolas continúe aún enterrado en un lugar desconocido, sin una lápida que recuerde su nombre, es, como el propio Gibson dice, una de las mayores vergüenzas con las que todo español debe convivir.  

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