Crítica de libros

Garzón. El hombre que veía amanecer, de Pilar Urbano

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CRÍTICA DE "GARZÓN. EL HOMBRE QUE VEÍA AMANECER", DE PILAR URBANO

En ocasiones basta leer el título de un libro para saber lo que vas a encontrarte en su interior. No es tan habitual en la narrativa de ficción, ya que títulos mediocres esconden grandes sorpresas, mientras que títulos sugerentes a imaginativos ocultan tremendas decepciones. En el caso de las obras de no ficción en general y la de historia y política en particular, el título suele ser ya un posicionamiento del autor. Un título frío y aséptico supone un distanciamiento del tema al que podemos atribuir una cierta profesionalidad. Un título elogioso o condenatorio ya supone un punto de partida sospechoso. Si ya en el nombre con el que el autor resume toda la obra muestra sus sentimientos, poca profesionalidad podemos encontrar él. 

En este sentido basta leer el título de “Garzón. El hombre que veía amanecer” para entender que no estamos ante una biografía sino ante una hagiografía. La vida de un santo laico, un hombre que se sobrepuso a todas las dificultades que se presentaron en su camino y que, siempre con la frente alta y la conciencia limpia, triunfó sobre sus enemigos. La vida de un héroe narrada por una admiradora, en este caso la periodista Pilar Urbano, que a medida que nos desgrana los acontecimientos que marcaron la trayectoria vital del personaje nos convence de su carácter casi providencial. Así y sólo así debemos leer la biografía del juez Baltasar Garzón escrita por Pilar Urbano.

A pesar de todo, no nos llevemos a engaño, este libro es una obra digna de ser leída. Es parcial, es subjetiva y es poco profesional en el sentido de que no marca las distancia con el personaje. Pero también es el resultado de una inmensa labor de recopilación de fuentes y testimonios de muy diverso tipo. Desde las entrevistas personales, a las monografías publicadas por diversos protagonistas de la historia, pasando por noticias y artículos de prensa, declaraciones en programas de televisión y editoriales de periódico. Sólo quien ha intentado escribir una obra historiográfica centrada en la época actual sabe la labor titánica que supone recopilar todas las fuentes posibles y la enorme dificultad de cribarlas y sacar conclusiones de ellas. Desde el punto de vista del respeto que merece el trabajo duro, sin duda esta biografía de Baltasar Garzón es digna de ser alabada. No cualquier periodista n historiador tendría a capacidad para abordar una labor así. 

Sin embargo, el elogio que merece el trabajo previo no lo merece en absoluto en el tono y la realización del mismo. Como ya hemos señalado, esta obra no es una biografía, sino una hagiografía, el intento de plasmar para la posteridad la vida de un santo. En sus páginas se van desgranando los esfuerzos del joven Baltasar para salir del horizonte de clase media de provincias a base de esfuerzos ímprobos y estudio constante. Nada que objetar en este punto, pues es cierto que el futuro juez obtuvo siempre posiciones de excelencia en todos los exámenes públicos a los que concurrió. Lo que chirría viene después, cuando Garzón comienza una carrera judicial que le llevó a convertirse en el prototipo de juez estrella en la España de los noventa. No encontramos en la obra de Pilar Urbano ni una sola sombra de crítica a ninguna de sus actuaciones. Los malos, los villanos que destruían el país desde diversos flancos, siempre son los demás. Garzón, como una criatura inmaculada e irreprochable, sale de cada situación triunfante o derrotado, pero siempre con un aura de honestidad intachable que crece con cada adversidad. Como bien indica el título del libro, Garzón era el hombre que veía amanecer. 

De este modo, nos encontramos con el el Baltasar Garzón heroico que luchó contra el narcotráfico en Galicia, siempre del lado de las madres de aquella generación perdida por el consumo de heroína. El Baltasar Garzón que se enfrentó a ETA golpeando a la banda en sus puntos más débiles. Todo centrado en sus triunfos, silenciando por completo las partes más polémicas. Ni una sola palabra acerca de cómo la doctrina de Garzón de “todo es ETA” supuso un ataque directo a las libertades más básicas que cualquier democracia debe garantizar. Ni una sola palabra de las muchas acusaciones de detenciones ilegales y prácticas poco éticas en la lucha contra el terrorismo. Todo lo contrario. En este libro, Garzón aparece como el garante seguro de la legalidad democrática, el único que fue capaz de intentar reformar desde dentro a un gobierno socialista ebrio de poder que violaba de forma sistemática la ley para afianzarse en las instituciones y cumplir con sus objetivos. En la obra de Pilar Urbano no encontramos ni rastro del Garzón autoritario del que se ha hablado hasta la saciedad en otros estudios. Esas críticas no caben en la hagiografía. 

Algo semejante encontramos en el análisis de la polémica trayectoria política de Garzón. Su entrada en las listas del PSOE, que tan polémica resultó en su momento, es presentada por Pilar Urbano como un intento por parte del juez de salvar la desastrosa situación en la que se encontraba el partido gobernado con mano de hierro por Felipe González. Con excepción de Margarita Robles y algún otro elegido, ningún político socialista queda libre de la crítica destructiva en este análisis de Pilar Urbano hecho con los ojos de Garzón. Unas críticas que pueden ser justas, y basta ver todo lo que se ha sabido años después de lo ocurrido en las entrañas de aquellos gobiernos socialistas, pero también deberían salpicar de algún modo al protagonista de la biografía. Para la autora, Garzón entró en la política cargado de buenas intenciones y salió de ella decepcionado y dolido pero sin ningún reproche que hacerse a si mismo. Por supuesto, ninguno de los movimientos posteriores de Garzón contra la trama de los GAL o la corrupción de diversos estratos del PSOE son interpretados como un deseo de revancha, sino como la lógica decisión de un juez implacable con todos los males de los que adolece España. 

La biografía de Pilar Urbano no aborda los últimos episodios de la vida pública de Baltasar Garzón. Uno se pregunta qué habría dicho la periodista y cómo habría analizado los intentos del juez de indagar la corrupción del Partido Popular o lo crímenes del franquismo, procesos que le han valido ser apartado de la carrera judicial. Por suerte o por desgracia para la autora, su trabajo termina antes de que Garzón se volviera contra Aznar y sus cohortes. ¿Habría valorado con la misma benevolencia esta faceta de la vida del juez? 

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