Crítica de libros

La rosa y el capullo. Cara y cruz del felipismo, de Pedro. J. Ramírez

la rosa y el capullo.jpg

CRÍTICA DE LA ROSA Y EL CAPULLO, DE PEDRO J. RAMÍREZ

Leer a Pedro J. Ramírez es un ejercicio de permanente contradicción. Por un lado, sus libros se disfrutan a muchos niveles, ya que el autor cuenta con una pluma hábil y certera, dispone de un bagaje cultural más que excepcional y posee una cantidad de información acerca de la realidad política de España que muchos otros sólo pueden soñar. Por otro lado, al leer los libros de este periodista, y especialmente aquellos escritos en los años ochenta o los primeros noventa, uno no puede evitar preguntarse cómo puede alguien ser capaz de tamaño ejercicio de cinismo. 

Existió un Pedro J. Ramírez que encarnó, o o nos hizo creer que encarnaba, lo mejor de la práctica periodismo. Un hombre que había aprendido de lo mejor de la prensa norteamericana, que llegó a estar, por suerte o instinto, en Estados Unidos cuando se destapó el caso Watergate, y que pretendió aplicar en España todo lo aprendido para dignificar una prensa que acababa de recuperar una supuesta libertad tras cuatro décadas de vivir amordazada por la dictadura franquista. Y durante unos años cumplió su objetivo. Como director de Diario 16, Ramírez encabezó un equipo de profesionales dispuestos a retratar la España de la Transición de forma crítica y mordaz, sin plegarse a la presión del poder. Entendiendo, en definitiva, el periodismo como el ejercicio de ese por desgracia tan denostado Cuarto Poder.

Pero también existió y existe un Pedro J. Ramírez capaz de dar cobijo en sus periódicos al amarillismo más infame que ha conocido este país. Un director de periódico que no tuvo reparo alguno en hacer caja con las teorías de la conspiración más descabelladas sobre el 11-M, capaz de alinearse con los sectores más conservadores y ultramontanos que se lanzaron al cuello del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Un profesional en definitiva, que nada tenía que ver con lo que aparentaba en los años ochenta, y que una vez llegaron al poder aquellos políticos más cercanos a él supo hacerse pagar los servicios prestados.

¿Cuál es el auténtico Pedro J.? ¿El que clamaba por la libertad de la prensa y puso en jaque a los gobiernos socialistas de los ochenta y los noventa o el apesebrado escudero mediático de José María Aznar y su corte? Que juzgue el lector que se adentre en su obra.     

“La rosa y el capullo” es un ejemplo del primer Pedro J., el que nos convenció de que era un periodista independiente que no se sometía a los dictados del poder y no vendía su ética profesional por un plato de lentejas o una piscina en terreno polémico. Una crónica de una España, dominada y monopolizada por el PSOE desde 1982, vista por los ojos de un hombre que vivió sus acontecimiento en primera fila y que sufrió las consecuencias de no dejarse llevar por la corriente general de sumisión a Felipe González y su corte de aduladores y beneficiarios. Un retrato tan ácido como necesario de aquellos años en los que la izquierda regresó al poder en una España que llevaba medio siglo siendo de derechas. Un retrato de una ilusión que no tardó en convertirse en sorpresa primero, indignación después, y franca repugnancia al final del periodo. 

Como decimos, si la carrera de Pedro J. Ramírez hubiera terminado en aquellos tiempos, uno podría creer al periodista certero y ético que ataca al ejecutivo socialista desde las páginas de este libro. Por desgracia, es difícil leer al Pedro J. de los ochenta sin tener en cuenta en qué se convirtió el personaje años después y a qué intereses sirvió.

Dejando de lado este aspecto y centrándonos sólo en el contenido de la obra, “La rosa y el capullo” es un libro que uno calificaría como de lectura muy necesaria en estos tiempos de desmemoria en los que cuando se habla de la política de los años ochenta alguno reacciona como si se hiciera referencia al Paleolítico. La política de estos primeros gobiernos socialistas nos ha configurado como somos en la actualidad. Nuestro presente es hijo, en todos los sentidos, de aquel pasado. Entender lo que hoy ocurre pasa por entender lo que ocurrió ayer. 

¿Cómo es posible que el mismo Felipe González que aparece reflejado en “La rosa y el capullo” como un hipócrita con tendencias despóticas siga teniendo voz y autoridad tres décadas después de que se conocieran todos sus desmanes? ¿Cómo es posible que un personaje como Alfonso Guerra, del que ya en 1989 se sabían miserias capaces de enterrar la carrera de un político de por vida, haya conseguido perpetuarse como una referencia político y moral hasta hace apenas unos años? ¿Cómo es posible que el pueblo español tenga una memoria tan corta estando como están los libros y las hemerotecas a su alcance?

En “La rosa y el capullo” se ofrece una crónica de los principales acontecimientos que tuvieron lugar en estos años: la promesa nunca cumplida de salida de la OTAN, la expropiación de RUMASA, la progresiva conversión de las chaquetas de pana socialistas en carísimos trajes a medida, los escándalos de corrupción, la manipulación atroz que se hizo de la televisión pública… Como su autor deja claro, pocos sectores de la sociedad española quedaron libres de la influencia y el control de un socialismo que poco a poco fue abandonando sus ideas de izquierdas y dejando en las cunetas a aquellos que no supieron seguirles en esta evolución. Un libro duro, pero justo, porque reconoce aciertos de la misma forma en la que señala errores. Un libro que no hace sangre del caído, sino que se centra en el que nunca llegó a caer. 

Un libro breve y ameno que tendría que ser de lectura obligada para todos aquellos que sientan interés por esta España que se revuelca hoy en unos barros que provienen de unos polvos no tan lejanos. 

¿Te interesa este libro? Consíguelo aquí al mejor precio